domingo, 15 de octubre de 2017

Una pasta Alfredo con mucho parmesano y perejil

Siempre he estado fascinada por los anocheceres, ya sabes, cuando la luz del día cambia, el sol ya se metió y solo quedan los últimos rastros de sus rayos, son como 5 o 10 minutos llenos de nostalgia, pero aún así, es mi hora favorita del día.

En el 2009 tomaba clases de francés en una escuela cerca de mi casa, me gustaba llegar media hora antes de la clase para quedarme sentada en el parque de enfrente y fumarme unos cuantos cigarros, me gustaba ver desde afuera mi salón, ver cómo iban llegando mis compañeros y mi maestra, la clase empezaba a las 7, lo cual la hacía perfecta para que yo pudiera disfrutar los tenues colores del cielo en ese parque con mis cigarros, el parque estaba lleno de árboles, probablemente aún sigan ahí, pero tiene tanto tiempo que no he ido que no lo puedo decir con certeza.

En el 2008 daba clases de inglés a niños pequeños que necesitaran clases de regularización, mi novio de aquel entonces, Kike, vivía muy cerca de la escuela donde yo daba clases, mi clase era de 5 a 6 pm, el me esperaba afuera de la escuela y después pasábamos a algún oxxo, comprábamos té helado y caminábamos a un parque que estaba ahí cerca, nos poníamos a platicar hasta que las luces se iban apagando y yo entraba en silencio, como si esos minutos de transición de día a noche fueran un ritual que requiere respeto.

En el 2010 me enamoré de Gustavo, uno de los mejores amigos de Kike, y me gustaba ver desde la ventana de su cuarto la nostalgia del anochecer, no sabía cuánto tiempo iba a durar nuestro romance, pero sí sabía que ese momento, mi favorito del día, solo duraba unos 10 minutos máximo, así que me gustaba verlo desnuda en su cama.

Me gustaba ir a un Starbucks cerca de mi escuela de francés, no había mucha gente y en mi opinión, es la zona mas linda de Cancún, tenía una bonita terraza donde siempre daba el viento y podía tomar mi café y fumar, algunas veces fui sola, otra veces fui con Kike... eventualmente cerraron ese Starbucks pues no vendía lo suficiente.

No sé que sea lo que pase dentro de mi en esos momentos en que se va la luz del día, pero hace que me den tantas ganas de volver a ciertos lugares y momentos, regresar al momento en el que podía sentarme en un parque y platicar con una persona que jamás me hizo dudar de lo mucho que me amaba, volver a ver a mis compañeros entrar al salón, poder darle un beso a Gustavo y decirle que me tengo que ir y ver el anochecer en un parque y no desnuda en su cama.

Cuando tenía unos 5 años, mi tía favorita, Isabel, vivía en Cozumel, y fui a visitarla algunas veces con mis abuelos, ya no recuerdo muy bien esos días, pero recuerdo lo mucho que me gustaba ver su vida independiente, alejada de todos, en su pequeño departamento que tenía dos camastros en la sala, siempre admiré su libertad, años después se enamoró de un hombre ambicioso y controlador, se acabó su libertad.

En el 2015 me mudé de casa de mis papás, un amigo me ofreció vivir con el en un departamento muy lindo, era una vendedora de tiempo compartido que hacía una mezcla peculiar de presión y relajamiento, me gustaba ir a la alberca antes del anochecer y pensaba que debería sentirme triunfante, tenía un trabajo que me pagaba bien, un lindo departamento, una vida social y sexual bastante activa, pero no se sentía real.

Nunca me han gustado los domingos, y ahora que mi único día de descanso real es el domingo, estoy aprendiendo a quererlos, pero es que los domingos están tan llenos de nostalgia, es como si esos 5 o 10 minutos del anochecer estuvieran todo el día, y a pesar de que me encantan, es una dosis muy alta de nostalgia, me hacen pensar en todo lo que no tengo y no soy.

En el 2015 regresé de la Ciudad de México, después de vivir ahí unos 9 meses, en mi primer fin de semana fui con una gran amiga y su pretendiente a la playa, disfrutamos el día en una playa tranquila, nadamos un poco y después me llevaron a mi casa, el día comenzó a terminarse, yo iba en la parte de atrás del auto de mi amiga, y como buen domingo antes del atardecer, me inundé de nostalgia, les dije que si yo fuera ellos, haría una pasta alfredo con mucho queso parmesano y mucho perejil, me daría un baño, prendería el aire acondicionado, me fumaría un porro y vería una película. Mi fantasía los indujo a tener una relación de 2 años.

Cuánto romance hay en la nostalgia y en los anocheceres, a lo mejor por eso no me gustan los domingos.

jueves, 27 de julio de 2017

Soy la misma

La última vez que escribí en este blog fue hace 3 años, escribí de Alain, y aunque no he vuelto a escribir de el, si he vuelto a hablar de él, esa historia tuvo un final muy drástico, muy tajante, pero sobre todo, muy doloroso. Me enfrenté a la realidad de Alain... a la realidad cruda (cruda y ruda como decía él), y esa realidad chocó contra mi realidad cruda.

Tuvimos una relación de 3 años, de amor romántico, de "te necesito", "me haces falta", "no te quiero perder", "te extraño", "te quiero", y muchas otras cosas mas que nos dijimos, nadamos de noche en el mar, nos bañamos con ropa, bailamos salsa, soñamos en cómo sería nuestra hija, en a qué país nos queríamos mudar, nos emborrachamos, hice el amor bajo los efectos de la marihuana por primera vez, nos besamos tanto, pero tanto, me rescató de mis borracheras, comimos lasagna en calzones hecha por el, nos quedamos dormidos viendo películas, fuimos a Costco en domingo... los domingos eran nuestros, y los domingos ahora se sienten tan vacíos...

Tuvimos deseo sexual, y que si lo tuvimos, no les puedo decir cómo era el sexo con él, porque eso lo quiero solo para mi, pero sí les puedo decir que me costaba trabajo regresar a la Tierra después de todos los orgasmos que él me daba, que llegaba al punto de gritar y no gemir, que solo podía mantenerme despierta unos 20 minutos después de, que me enloquecieron sus labios desde la primera vez que nos besamos y su cara al venirse.

Pero mas que estos dos puntos anteriores, tuvimos apego, ya que ambos somos un par de controladores, nos encantaba saber que ya nos conocíamos, que ya teníamos una historia, que no era tan fácil alejarnos, terminamos y regresamos tal vez unas 10 veces, porque como buena relación apasionada, era una relación altamente tóxica, llena de promesas que sabíamos no se iban a cumplir, de ilusiones vacías, de celos, de traición, de rutina, de alma vacía que se intentaba completar con otra.

Pero ya no quiero hablar mas de el, quiero hablar de otro hombre... quiero hablar de Ángel, porque sepan que tengo una maldición con los hombres cuyo nombre empieza con A:

Fue un miércoles cuando llegué al trabajo súper pacheca, baje a la cafetería y mientras esperaba en la fila me puse a buscar imágenes de motivación para desearle los buenos días a Ángel, la encontré y se la mandé junto a un mensaje deseándole un día lleno de éxito, su respuesta fue "Gracias Grace", exploté en enojo, tal vez hubiera sido capaz de darle una cachetada de haberlo tenido en frente, le dije que lo quería ver, estaba segura de que lo iba a terminar, estaba sumamente enojada. Llegó a mi casa en la noche y le di un beso en la mejilla, me reclamó, nos dimos un beso, entramos a mi departamento y le dije que armara un porro, fumamos, y todo el tiempo estuve intentando terminar con el pero sencillamente no podía, no quería que se vaya, no quería dejar de verlo, así que no encontraba las palabras para terminar con el, me dijo que tenía sueño, que si quería que se fuera para que me dejara dormir, le dije que sonaba bien, me preguntó si quería que se quede, dije que sí, entramos a mi cuarto, y sabía que no podía esperar mas, le dije que no estaba contenta con su manera tan cortante de ser, con sus respuestas secas a mi miel y brillantina, se disculpó y me dijo que me quería hacer feliz, lo abracé, pero cuánta mentira había en esa frase. Hicimos el amor, y fue intenso, y el no era un hombre muy intenso al hacer el amor, desde ahí debí sospechar que tenía un fetiche por no perder lo que es "suyo", al día siguiente me mandó un mensaje diciéndome que me iba a decir todo lo que pensaba de ese día en adelante, lo hizo... como por dos semanas. Estaba tan feliz, contaba las horas para verlo y entrelazar mis piernas con las suyas a la hora de dormir, para contarle mi día y mis chismes laborales, para darle besos en los párpados porque eso me decía que le gustaba, para tocar sus manos, para olerlo y abrazarlo, para sentir la piel de gallina cuando ponía sus manos en mi vientre, para moderle las nalgas, para ver sus ojos observarme, para tomarle la mano al caminar, para darle un beso de buenas noches sabiendo que me iba a despertar junto a él... y todo esto sucedió mientras el pensaba en alguien mas, alguien con quien tiene lo que yo tuve con Alain, alguien que le da la anestesia y el veneno, alguien a quien no le importa lo muy hermosa que pueda ser la hija que llegarán a tener, porque eso jamás va a pasar. Ángel anda con Alain, y a mi aún me quema por dentro cada vez que pienso en eso, cada vez que me despierto a las 3am y sé que Ángel no esta en mi cama, cada vez que me preguntan por el y tengo que decir "está enamorado de una señora de 50 años" para que me dejen de hacer preguntas. Me quema por dentro, porque fue un domingo, un domingo de Costco...